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No apto para tibios


Por Nahuel Messina
@nahmessina

█  Afro Beat

“Radical es quien no tiene sentido, pelea sin ninguna razón. Yo tengo una razón. Yo soy auténtico. Sí, eso es lo que soy”- Fela Kuti

Una música que reafirma su identidad sin bajar la empuñadura frente a todo aquello considerado autoridad, no puede ser otra cosa que arte insurrecto. Con un discurso tan socarrón como invocante, un escenario poseído por el frenesí de los cuerpos bajo el remache incesante del groove, un mentor con deseos tan carnales como dirigentes y una alta dosis de paganismo e irreverencia, el afrobeat de Fela Kuti es un puñetazo de elementos simbólicos directa al mentón del orden establecido. Una música que es usada como arma, invita a averiguar quién la sostiene, a quién apunta y en qué situación. 
  
Fela Ransome-Kuti nació en Nigeria en 1938, cuando todavía era una de las colonias que mayor ganancia le daba a Gran Bretaña. Siendo el hijo más rebelde del primer presidente de la Unión de Maestros y de una líder del movimiento feminista y anticolonial, creció en pleno fervor del nacionalismo nigeriano. Renegando de las profesiones que le proyectaron sus padres, a los 20 años decidió radicarse en Londres para estudiar en Trinity College of Music. Allí formó Koola Lobitos, una banda que fusionaba jazz, R&B y highlife, un estilo musical que había ganado popularidad en Ghana y otros países africanos en los sesentas. Luego de regresar a Nigeria en 1963, decidió ensamblar una segunda versión del grupo, en la que incorporó a Tony Allen en batería, una figura que sería fundamental para la futura gestación del sonido del afrobeat. Junto a Koola Lobitos realizó algunos conciertos por África y una fallida gira por la costa oeste de Estados Unidos, que, sin embargo, le sirvió para dar el giro más político de su vida. 


Bajo el denso clima de la lucha por los derechos civiles de la comunidad negra, Fela entró en contacto con libros de Malcolm X, el movimiento Black Power y el Partido de las Panteras Negras. Puntualmente, en la ciudad de Los Ángeles conoció a Sandra Smith, una activista de esta última organización. A partir de ese encuentro, y tras conocer a otras personalidades del comando, Fela comenzó a interesarse en la larga historia de sometimiento del continente negro por Occidente. De esa forma comenzó un camino de resignificación afro-consciente que invistió tanto a su filosofía como a su música. Rompió con el cristianismo, religión que había heredado de familia, para convertirse a la fe yoruba y dejó de usar el nombre Ransome por considerarlo esclavista, cambiándolo por Anikulapo (“el que lleva la muerte en los bolsillos”). En materia musical, adoptó un inigualable estilo inspirado en mixturas de ritmos africanos, acid jazz, hard bop, psicodelia y sobre todo, el funk de James Brown (ambos se parecían en el modo que ponderaban los ritmos, la improvisación y los vientos). También hizo a un lado las temáticas románticas de sus canciones para asumir la causa del panafricanismo, adapatado en jerga pidgin, un inglés simplificado usado como un puente común de entendimiento entre los 250 dialectos de una Nigeria considerada “la India de África”. Los resultados de eso cambios también se vieron reflejados en la banda, que mudó dos veces de nombre: primero llamándose Nigeria 70, y luego, Afrika 70. Punto y aparte, en los ochentas formó Egypt 80, con la que canalizó gran parte de su discurso de crítica hacia el neoliberalismo de Margaret Thatcher y Ronald Reagan.

Radicado nuevamente en Nigeria, Fela fue convirtiéndose progresivamente en un enemigo del poder político de turno. Por fuera de la música, tal vez la acción más intransigente que realizó fue fundar sus propia nación: la República de Kalakuta. El nombre burlaba a Calcutta, la celda donde había sido encerrado tiempo atrás. Se trataba de un complejo comunal ubicado en la ciudad portuaria de Lagos, con un estudio de grabación y un centro de atención médica gratuita. Allí vivía con su familia y su banda, independiente a las leyes de una Nigeria regida por una democracia débil que pendulaba entre el fraude electoral y los sucesivos golpes de estado. Fue después de la grabación del exitoso disco Zombie en 1976 -que acusaba a los militares de hostigar a la población por obedecer sin pensar por sus propios medios- que los ataques hacia Fela se volvieron más reiterativos. Hubo disturbios y Kalakuta terminó siendo saqueada y destruida por cientos de soldados. La embestida fue cobrada con la vida de la madre del músico, que murió tras ser arrojada de un segundo piso.


Otro de los frentes de batalla de Fela fue el desatado contra lo que él pensaba como imperialismo occidental, lo cual le restó muchísima difusión a nivel mundial. Por argumentos como estos, Fela acusó a Paul McCartney de querer robarle su música, luego de que el ex Beatle lo haya invitado a formar parte de la gira de su disco Band On The Run. Paul presenció un recital del Black President en Lagos y quedó completamente emocionado con la experiencia, al punto de afirmar posteriormente que fue la mejor banda que había visto en su vida. De la misma manera rechazó al prestigioso sello norteamericano Motown en un intento de expandir el rubro a la música africana bajo el nombre de Taboo. Después de consultar con los espíritus a través de su hechicero personal, un ghanés llamado Professor Hindú, Kuti dilató la propuesta por dos años, pidiéndole un adelanto de un millón de dólares en efectivo a cambio de su catálogo. El trato jamás se concretó. Por otro lado, cabe destacar una cuestión más: su anticonvencionalismo musical. Sus canciones no bajaban nunca del cuarto de hora de duración, motivo que lo tachaba casi de inmediato como músico radial. De todas maneras, las intenciones de Fela distaban de convertirse en eso. Su banda llegó a tener hasta 16 músicos y sus shows habían tomado una performance de ritual con experimentaciones instrumentales complejas, donde el público adquirió cada vez más participación.    

Es probable- o tal vez inevitable- que lo que más llame la atención de una personalidad como la de Fela Kuti, sea la gran pila de mitos que llenan su figura y la desbordan de extravagancia. Desde su casamiento con 26 mujeres en un mismo día, hasta su posterior divorcio con 20 de ellas; su famosa libertad ganada por cambiar su caca por la de un preso que no había consumido drogas (anécdota que inspiró la canción Expensive Shit); la creación del partido político Movement of the People, que lo llevó a dos postulaciones presidenciales rechazadas; su convencida búsqueda de la inmortalidad por medio de rituales tradicionales e inventados; su guerra contra al condón y la negación del SIDA por ser “un invento de los blancos”, entre otros. Más allá de esos relatos, que apenas iluminan un costado corto del pensamiento combativo y controvertido del Black President, siempre es interesante mirar hacia adelante para comprender en su legado un afrobeat que mantiene la reminiscencia de lucha e insubordinación que lo engendró. 

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