La historia de Tommie Smith y John Carlos


Por Santi Herrera
@arrobapente


█  Los Juegos Olímpicos de 1968

La historia de Cosa de Negros de la fecha se desarrolla en el año 1968, en una época conflictiva, marcada por grandes revueltas y un sinfín de manifestaciones sociales, artísticas y culturales para la creación de un mundo más justo e igualitario. Para contextualizar qué sucedía en el mundo aquel año es necesario mencionar algunos hitos importantes: el Mayo Francés, la policía en Chicago atacando a manifestantes durante la Convención Nacional Demócrata y luchas de liberación nacional en África, Asia y América Latina son algunos de los momentos más álgidos de fines de la década del ‘60. Los Estados Unidos ocupaban los titulares del mundo entero con su participación en la guerra de Vietnam, el asesinato de Martin Luther King y la lucha por los derechos civiles llevada a cabo por las Panteras Negras. Fue en este ambiente que Tommie Smith y John Carlos pasaron por el escenario de la historia y dejaron su huella.

Smith y Carlos fueron atletas sobresalientes: Smith tuvo once plusmarcas mundiales simultáneamente, entre ellas los 200 y 400 metros, algunas como individuo y algunas como integrante de un equipo de relevos. John Carlos, en cierto momento, tuvo la plusmarca mundial de los 100 metros.

Tommie Smith fue el séptimo en una familia de 12 hijos y se crió en Clarksville, Texas. Su padre fue mediero y Tommie se fortaleció trabajando en el campo. John Carlos se crió en Harlem y se involucró en el movimiento para derechos civiles para convertirse en activista a temprana edad. En la secundaria ya fue un velocista estrella y la universidad East Texas State le concedió una beca. El propio Carlos cuenta cómo lo trataron apenas ingresó en la universidad: “Unos dos minutos después de llegar, me hice caso de que mi nombre cambió de John Carlos a Boy" (palabra despectiva en referencia a los negros que quiere decir “mozo” o “criado”)”.

Los dos hombres acabaron estudiando en la Universidad Estatal de San José en California. Fue aquí que atletas, tanto negros como blancos, ayudaron a formar el Proyecto Olímpico para los Derechos Humanos (OPHR), entre ellos atletas que aspiraban a ser seleccionados para el equipo olímpico de 1968.

La declaración fundadora del OPHR señaló que “la opresión de afroamericanos es peor que nunca” y los atletas trataron de organizar un boicot de los Juegos Olímpicos para promover sus reclamos ante los ojos del mundo. La simple idea de que los atletas negros tomaran una posición tan rebelde provocó respuestas reaccionarias y amenazas. Al mismo tiempo, la causa del OPHR recibió un amplio apoyo por parte de la sociedad civil, que comenzó a utilizar una chapa identificatoria del OPHR en respaldo a los atletas del proyecto.



La actuación del equipo estadounidense masculino de pista fue superlativo durante los Juegos Olímpicos de aquel año, celebrados en México. Ganaron siete de doce medallas de oro y rompieron cinco plusmarcas. Tommie Smith y John Carlos llegaron primero y tercero, respectivamente, en los 200 metros y Smith estableció una plusmarca mundial.

A la hora de subir al estrado a recibir sus medallas aún se preguntaban qué deberían hacer. A último momento, se decidieron a llevar puestos guantes negros. Peter Norman, el australiano blanco que logró el segundo lugar, llevó puesta una chapa del OPHR. Norman más tarde recordó: “Yo creía en los derechos humanos, creía en lo que esos dos hombres estaban a punto de hacer”.

Smith y Carlos tomaron el estrado descalzos, pero con medias negras puestas. Cuando comenzó a tocarse el himno nacional estadounidense, ambos se inclinaron la cabeza y levantaron el puño en lo alto (el Black Power Salute, el reconocible gesto instalado por las Panteras Negras). Tommie Smith tuvo un pañuelo negro alrededor del cuello y John Carlos llevó unas cuentas.

Smith después recordó: “El puño negro en alto fue en reconocimiento de aquellos que se han ido fue una oración de solidaridad, fue un grito que pedía ayuda por mis compañeros hermanos y hermanas en este país, víctimas de linchamientos, balas, mordidas de perros, mangueras de agua de alta presión, un grito para libertad. Casi se pudo oír el viento soplando alrededor de mi puño”.

Luego, en una entrevista, Smith profundizó en el valor simbólico de aquel acto explicando: “Mi mano derecha significó el poder en la América negra. La mano izquierda de Carlos significó la unidad de la América negra. Juntas formaron un arco de unidad y poder. El pañuelo negro alrededor de mi cuello significó el orgullo negro. Los calcetines negros sin zapatos significaron la pobreza negra en la América racista. La totalidad de nuestros esfuerzos fue la recuperación de la dignidad negra”.

La junta del Comité Olímpico Internacional se reunió al día siguiente y decidieron regresar a Smith y Carlos a casa y prohibir su participación en los Juegos Olímpicos de por vida. De regreso en Estados Unidos, los dos atletas recibieron más de cien amenazas de muerte cada uno. Fue dificilísimo conseguir trabajo. Años después, John Carlos confesó: “Estábamos bajo muchas presiones. Conseguí cualquier trabajo que pudiera encontrar. No tenía mucho orgullo. Trabajos de seguridad, jardinero, conserje, cualquier cosa que pudiera hacer para llegar al fin de mes”.

En Silent Gesture, su autobiografía, Tommie Smith contesta la pregunta ¿por qué es importante para famosos hablar sobre cuestiones sociales y políticas?: “…si eres uno de los grandes del mundo en una esfera particular, como yo fui en los deportes, tienes una avenida, y tienes una responsabilidad de usarla, especialmente si tienes algo que decir sobre la sociedad y cómo se trata a la gente, gente que no está en condiciones de decirlo por sí misma o que no tiene la capacidad de decirlo”.

La vida de Peter Norman, el australiano que ocupó el segundo lugar en aquel podio, tampoco fue fácil. Al volver a su país también sufrió el destrato y indiferencia de gran parte de la sociedad australiana. Norman falleció en 2006, y Smith y Carlos, quienes habían seguido manteniéndose en contacto con él a lo largo de los años, participaron como portadores del féretro en el entierro. Sobre Norman, John Carlos dijo: “Al menos yo y Tommie nos teníamos el uno al otro cuando llegamos a casa. Cuando Peter fue a casa, tenía que tratar con una nación solo. Nunca vaciló, nunca negó que estaba allí con nosotros a propósito y nunca dijo ‘lo siento’ por su participación y compromiso. Eso es indicativo de quién era el hombre”.


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