Lenguaje sin voces


Por Santi Herrera
@SantisHerr


█  Consideraciones sobre el reggae instrumental en Argentina

Desde el advenimiento de la democracia en 1983, y con la “reapertura” del mercado musical de nuestro país al mundo luego de la nefasta Guerra de Malvinas, llegaron a Argentina diversos estilos musicales provenientes de Europa y Estados Unidos que enriquecieron de sobremanera el movimiento y la formación de nuestros músicos.

Y es que en esos vinilos de la primera época se encontraban las influencias de la mayoría de las bandas que a comienzos de los ’80 comenzaban a gestarse por estas tierras. El motivo de inspiración para nuestra juventud ochentosa estuvo teñido por el desparpajo, la rebeldía y la resistencia de bandas europeas y estadounidenses que, en su mayoría, expresaban su descontento frente a una Guerra Fría que iba camino a su final.

En ese contexto histórico-musical, el punk rock salvaje de Sex Pistols y Ramones inspiró a los incipientes Violadores, el glam rock influenciaría parte de la música de Virus y Soda Stereo, y como siempre es de esperar nuestra amada música jamaiquina haría lo propio con bandas pioneras del género, como Sumo, Los Fabulosos Cadillacs y Los Pericos.

Desde fines de los '80 y principios de los '90, años en los que se considera que “nació” el reggae en español, infinidad de bandas recrean y ejecutan (algunas con un sonido más “limpio”, otras un poco más mestizadas) una música que vio la luz a miles de kilómetros de nuestro suelo, pero que sentimos como propia. Sin embargo, y casi un cuarto de siglo después de su consolidación definitiva, hay un aspecto de la música de la isla que aún aquí en Argentina sigue siendo un territorio poco descubierto, inexplorado. 

Por tradición, en Argentina el reggae y sus derivados son cantados. Este primer axioma nos lleva a repasar mentalmente una breve lista de nuestros juglares estrellas. Desde sus orígenes más rockers en la voz del inigualable Luca Prodan, pasando por Bahiano y sus inconfundibles variaciones de voces, hasta llegar al elegante Guille Bonetto y al controvertido Dread Mar I, nuestra apropiación del folklore de la isla ha tenido grandes voces como protagonistas. Sin embargo -y acá planteo el quid de la cuestión- el reggae instrumental es aún incipiente y disperso. A diferencia del ska instrumental, que tiene grandes estandartes y que sigue una línea de crecimiento ascendente, el reggae sin voces (de vocalistas, voces humanas) todavía no termina de conformarse o de, al menos, emanciparse como acto de creación por fuera de la media.

El Natty Combo, banda que en sus comienzos se dedicó de lleno al instrumental y de gran manera

Es imposible dar una respuesta a esta inquietud, pero creemos que nunca está de más dejar interrogantes abiertos, tópicos que se presten a la discusión (sana, en paz, claro está) sobre la actualidad de nuestro reggae. Es posible que, en este caso, sea más saludable problematizar, que intentar responder. No podemos argumentar por qué “éste reggae sí” y “éste no”, por el simple hecho de que no tenemos la verdad y porque somos falibles.  

No es fácil encontrar agrupaciones que se animen a ejecutar esta forma de hacer reggae sin caer en los típicos estereotipos jamaiquinos del patois y de la jerga Rastafari. Y es que si bien es sabido que estamos lejos de Jamaica y todo lo que su cultura representa, pareciera que todavía tenemos esa intención de “estar ahí” a través de un sentimiento de pertenencia confuso y sin fundamentos sólidos.  Quizás esa sea una de las razones. Creo que debemos dejar algo claro, y es que cada uno toca y escribe como quiere y como puede. Desde Revista Cool Ruler no tenemos intenciones de hacer juicios de valor, y menos acerca de música. Todo es depende del cristal con que se lo mira.

Otra de las razones que podemos esbozar es que tal vez no haya demasiados referentes de reggae instrumental a nivel mundial o, mejor dicho, no existan en la medida en que existen los de reggae “convencional” (léase cantado). De ser de esta forma, es probable que en Argentina tengamos una cantidad considerable de representantes de este “lenguaje sin voces". Así las cosas, esperamos que esta vía para resignificar nuestro reggae encuentre por fin una escena, un circuito, una buena cantidad de bandas representantes de un sonido y un sentido innovadores que proporcionen una bocanada de aire fresco a viejas formas de “decir”. Quizá, quién te dice, en algunos años hablemos de un nuevo lenguaje sin voces.

Sessiones, banda que supo flamear el estandarte del reggae instrumental


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