Entre dreads y crestas


Por Nahuel Messina
@nahmessina

Alfileres de gancho sobre ropas rasgadas, parches con emblemas nazi (no por partidismo, sino para “llevar la contra” a la sociedad contemporánea), camperas de cuero, desprolijos cortes de pelo y una dieta de anfetaminas. De forma irrumpió el punk en Gran Bretaña en el verano de 1976, combinando elementos de distintos movimientos juveniles: el proto-punk norteamericano de Ramones, Iggy Pop y Richard Hell; el glam rock de David Bowie; los mods londinenses de los sesentas; el revival de Canvey Island de los cuarentas, el R&B, la velocidad del northern soul, y la conciencia del reggae, dejaron huella en su reaccionario nihilismo, el mismo que iba de la mano del narcisismo, la violencia del pogo y el exotismo que despertaban ante los ojos ajenos. Era claro que gran parte del sentido que le daba popularidad al punk entre los jóvenes escapaba de la comprensión de la prensa de Reino Unido, que apenas podía limitarse a ridiculizarlos. El rechazo que generaban era parte de la misma desaprobación que buscaban con tanto ahínco. A partir de su estilo, expresado en la superficie de su estética y en la actitud que portaban, ponían en jaque la “normalidad” de los convencionalismos sociales predominantes, que consideraban hipócritas y represivos, en una época de posguerra golpeada por un alto grado de desempleo y la reciente integración de inmigrantes afrocaribeños en el sector obrero británico.  

Así, el punk combinaría en su sangre el ADN del rock como del reggae, dos géneros con sentidos aparentemente contradictorios que terminarían teniendo un punto de encuentro en los pubs londinenses, donde los soundsystems se consolidaban cada vez más. Citando a Dick Hebdige, investigador de los estudios culturales de la Escuela de Birmingham y autor de Subcultura. El significado del estilo (2004), en el punk “la alienación se hizo casi tangible. Casi se podía tocar con la mano. Se exhibía ante las cámaras como ‘pasividad’, como un vacío en la expresión. Esta trayectoria- solipsismo, neurosis, furor cosmético- tuvo sus orígenes en el rock (...) sin embargo, los dictados de esa irreverente estética se vieron contrarrestados por los imperativos moralizantes de otra forma musical: el reggae”.



Si bien ambos géneros guardaban autonomía, pudieron establecer lazos que se vieron reflejados en varias bandas de la primera ola. Entre ellas, The Clash fue la que más se identificó con la simbología del reggae. En lo musical lo hicieron con su versión de Police & Thieves, hit del jamaiquino Junior Murvin, que fue icónico en los comienzos del punk, y el cover de Pressure Drop de Toots & The Maytals. A su vez, trabajaron con Lee Perry en el single Complete Control y con el productor Mikey Dread en Sandinista!, su cuarto álbum. De igual manera dejaron ver su gusto por la estética de esta cultura en su vestimenta y en las gráficas de sus discos. Por su parte, Sex Pistols también mostró cierta afinidad por el reggae, a pesar de no plasmarlo directamente en su música. Tal era el caso de Johnny Rotten, vocalista del grupo, un buen conocedor de la música jamaiquina que llegó a declarar que era lo único que bailaba. También era amigo de Don Letts, el famoso DJ negro de The Roxy Club, que grabó el documental The Punk Rock Movie sobre los inicios del movimiento. Otra banda fue The Slits, encabezada por la cantante Ari Up, hijastra de Johnny Rotten, que en la última década tuvo un revival junto a Hollie Cook. En menor escala, The Stranglers, considerados uno de los precursores del punk, se permitió hacer un reggae llamado Nice & Sleazy, al igual que la banda Stiff Little Fingers lo hizo con una versión de Johnny Was, el clásico de Bob Marley, y Unwanted con la grabación del tema Secret Police. Ya en tierras norteamericanas, Bad Brains no sólo hizo convivir la música jamaiquina con el punk, sino también incluyó el rastafarismo en sus letras; mientras que la cantante Patti Smith editó Horses, su álbum debut en 1975, con un reggae entre sus tracks, y posteriormente el disco Radio Ethiopia, que contendría elementos de la cultura afrocaribeña en el nombre de algunas de sus canciones.

Hollie Cook, exponente actual de la nueva ola del reggae británico e hija de Paul Cook, baterista de Sex Pistols

Como toda expresión subversiva de estilo, el punk fue posteriormente absorbido, apropiado y neutralizado por la industria cultural, sin embargo, es clave no perder de vista la importancia de las influencias que la forjaron, en conjunto con el contexto de su surgimiento.  En lo que corresponde al rock y el reggae, más allá de sus diferencias, es claro que ambos géneros lograron comunicarse a un nivel muy profundo: el social. Para comprender qué tiene que ver el sentido del reggae con todo esto, tal vez valga la pena detenerse en la importancia que tuvo históricamente como canal de expresión de las comunidades pobres de Jamaica, para hacer un puente que nos lleve a reflexionar sobre el descontento de los jóvenes blancos y negros de Gran Bretaña en aquel contexto particular. 

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