Todos Tus Muertos en Córdoba: más vivos que nunca


Por Santi Herrera / @SantisHerr 
Fotos: Ignacio Andino 

Un viaje en el tiempo. Sí, un viaje en el tiempo. El show de Todos Tus Muertos fue meterse en un túnel al pasado. Treinta años después de su debut y casi dieciséis luego de su último show con Fidel Nadal y Pablo Molina al frente de la banda, Todos Tus Muertos –o “Los Muertos”, a secas- regresó a Córdoba en el marco de su gira nacional “Re-Unión Histórica, a 30 años”. 

Fidel Nadal
Camperas de cuero y dreadlocks se agolpaban en las puertas de XL Abasto mientras las Tranki Punki te ponían a bailar con su cumbia-punk de aires balcánicos. El frío de la noche te empujaba a entrar ni bien bajabas del auto, por lo que al momento de la presentación del crédito local, el rebautizado local del Abasto ya contaba con una gran cantidad de público bailando al ritmo de las siete féminas. Adentro, por supuesto, la temperatura subía con el frenetismo de las cordobesas, que se encuentran anticipando canciones de lo que será “No me digas que no pasa nada”, su disco debut. 

A simple vista, la mayoría de los presentes parecía haber sido parte de aquella generación rockera que en los desangelados ’90 resistía los embates del poco feliz gobierno men*mista. Más punks que rastas, más tirando a los cuarenta que a los veinte, me atrevo a decir que muchos –si no todos- asistían nostálgicos a una velada llena de recuerdos de juventud. Estoy seguro que más de una charla dio lugar a una revisión de memoria con frases como “¿Te acordás cuando los vimos allá por…?”, “La última vez que los vi juntos fue en…” y demás evocaciones al pasado rockero y juvenil de cada uno. 

Los primeros acordes de “Torquemada” sonaban en fade in y los músicos de Todos Tus Muertos, con Félix Gutiérrez a la cabeza, se alistaban en el escenario. Sonidos que parecían sacados del averno inundaban el XL mientras los espectadores se amontonaban contra el escenario. Fidel Nadal y Pablo Molina irrumpían en escena para dar un comienzo explosivo a una performance que dio lugar a todos y cada uno de los hits de la banda: desde “Gente que no”, “Incomunicado” y “Sé que no”, del disco “Nena de Hiroshima” de 1991, pasando por “Adelita/Tu alma mía” “Andate”, “Hijo nuestro” y “Mate”, del aclamado “Dale Aborigen” de 1994, hasta llegar a la etapa más reggaera y espiritual de la banda, con canciones como “Rasta vive” y “No te la vas a acabar”, del álbum “El camino real”, lanzado en 1998. 

Los frontman de la banda se mueven enérgicamente y no paran de arengar en ninguna de las canciones. Pablito Molina, aquel pequeño gigante, jugaba a hacer piruetas y volteretas mientras Fidel festejaba cada una de sus acciones. Fidel y Pablo, Pablo y Fidel: el chiquitín y la torre, una pareja tan disímil, como cómplice y fulminante. El tiempo se olvidó de pasarle factura al dúo vocal, que permanece fresco y espontáneo como en los ’90. 

Felix Gutiérrez
Hace rato que Todos Tus Muertos dejó de ser una banda para convertirse en institución. Es que ver a Fidel, Pablito y Félix arriba del escenario, enérgicos y salvajes como en aquellas épocas es cautivante. Tres que ya pisaron los cincuenta moviéndose arriba del escenario con la misma hambre y tesón con el que comenzaron a desandar la década punk de Cemento y El Parakultural, reductos históricos de la movida under porteña. 

En tiempos en que nuestro país vive una lamentable vuelta hacia los –no tan viejos- hábitos de décadas pasadas, la sorpresiva vuelta de Todos Tus Muertos se hace necesaria para no olvidar aquellas raíces que hicieron de la escena rockera argentina un espacio de manifestación artística, contestatario y combativo. Bienvenidos otra vez, Muertos. Buen regreso.

Publicar un comentario

0 Comentarios