Sueño de una noche de verano en Rototom


Un pueblo, y un puente que abre camino a una ciudad imaginaria: hay tiendas y hay banderas rojas, verdes y amarillas en todos los rincones. Hay bicicletas, patinetas y hay carros de bebés. Hay un hombre disfrazado de monja arriba de un monopatín. Y un cartel gigante que reza en varios idiomas: “Bienvenido a Rototom Sunsplash”. Como dice esa voz amiga que suena cada día en Radio Rototom, estamos en el mundial del reggae, y la vida es sueño…

Por Solange Bendinelli
Gentileza PelaGatos


Estamos oficialmente de regreso en Benicassim, en una nueva edición del festival de música jamaiquina más grande del mundo. Y particularmente en este año 2016, siento verdaderamente que estoy jugando en primera. Los artistas que componen el lineup recrean la mejor liga de campeones de este ritmo que enamora y hará bailar a más de 250.000 personas, durante ocho largas jornadas de verano. Damian Marley, Marcia Griffiths, Tarrus Riley y Manu Chao, entre otros, nos esperan. Pero como ésta es nuestra cuarta visita al mundo Rototom, ya sabemos que apenas crucemos el umbral, el mundo real se desdibuja y comienza un sueño en verde, rojo y amarillo. 

El día cero nos encuentra en la estación de tren de Barcelona, donde se empiezan a vislumbrar rastas. mochilas, carpas y bicicletas desde muy temprano. Grupos de jóvenes y no tan jóvenes de todas las nacionalidades del mundo se mueven en micros, trenes, autos y caravanas, camino a vivir unas de las experiencias más sensacionales de sus vidas. 

La clave de este festival se intuye apenas cruzar el portal del recinto: pasar ocho días, viviendo en comunidad espiritual y musical con miles de personas de todo el mundo, sin nombre y sin nacionalidad, pero con una sonrisa y una historia que nos transfor
mará y borrará los límites de la realidad. Ya no habrá comienzos ni finales para los días. No habrá horarios, ni rutinas. Sólo sueños, experiencias y sensaciones.

 

Hace calor, mucho calor, pero hay actividades durante todo el día en esta enorme aldea. Desde temprano, hay niños corriendo y jugando. De una carpa de circo gigante, sale música, siempre música, todo el rato música. En choza hecha de adobe hace días, hay personas que enseñan a construir, a crear, a pensar. En un pequeño domo dan clases de yoga, y te ayudan a volverte a reír, porque también hay clases de risoterapia. Y en uno de esos momentos oníricos del Rototom, podemos terminar todos agarrados de las manos, aprendiendo a sanar, a sentirnos. De la mano de una irlandesa, que a su vez sostiene y traspasa su energía a una marroquí, que danza con un chileno. Aprendemos a bailar en colectividad, al aire libre, descalzos, despeinados, embriagados de felicidad. Todo bajo el hechizo de las percusiones y el bajo de alguna banda legendaria que prueba sonido en el Main Stage, y nos hace soñar con una noche única. 

En este festival hay propuestas para todos. Desde el señor grande que gusta de la buena música y se emociona escuchando canciones de redención, trayendo su sillita y su heladerita llena de cañas, mientras se arma su cigarro con platea preferencial a un escenario privilegiado. Esas primeras noches, las actuaciones de Big Mountain, Macaco y el gran Alborosie hicieron vibrar a todos y se anotaron como los primeros candidatos a campeonar en este mundial del reggae. 

Sentados desde el fondo del Main Stage mientras suena la hipnótica Jah9, podemos vivir el show rodeados de familias, en otra de las postales típicas de este festival. También encontrás parejas de amigos del pueblo que van con sus bebés, parejas viviendo su historia de amor, una madre con su hija recostada sobre una bandera y disfrutando de una porción de pizza italiana, o quizás dos trabajadoras del festival escapándose a gastar las suelas bailando al ritmo del “a la la long a la la long” de Inner Circle. Podés ver a gente comiendo un guiso de arroz a las tres de la mañana. Mujeres que se sientan a escuchar el show mientras miran a la luna y le cuentan sus sueños de amor. Un holandés sentado solo en el asfalto mientras canta todos los temas de su cantante favorito; y hay quien le pide a un amigo que le cumpla el sueño de subirlo a los hombros y -con sus brazos abiertos al viento- sentir libertad. 

Nunca se siente la sensación de “multitud” en este espacio infinito. La ciudad del reggae parece extenderse por siempre, ofreciendo rincones con miles de experiencias distintas. De comida, de ropa, de servicios. De vivencias. Y así por ejemplo, un día te podés encontrar sentado frente Zygmunt Bauman oyéndolo disertar en el Foro Social o te tropezás una tarde caminando con una rincón denominado Mágico Mundo donde Rigoberta Menchú, 21 años después de recibir el Premio Nobel de la Paz inventa un cuento ancestral para los niños. En la Reggae University todas las tardes tenes el gusto de conocer en profundidad a los artistas jamaiquinos y discutir conceptos y valores incluidos en esta música que tanto amamos. 

Este año, quizás como nunca antes, se sintió la presencia de los más chiquitos. Según la organización más de 13 mil niños vivenciaron la energía Rototom y disfrutaron de todas las actividades que el RotoCircus ofrece a las familias. Más de ocho escuelas de circo de todo España tuvieron la posibilidad de enseñar, inspirar y entretener a los pequeños. Fuimos testigos de un momento mágico cuando los vimos recorrer el recinto con bombos y batucada, en una vuelta olímpica de niños disfrazados bailando al ritmo del carnaval. 

La única prueba de normalidad y realidad que rige los destinos de este sueño es la programación del día. Es muy importante revisarla al salir el sol y descubrir que podemos arrancar la jornada en la playa, donde también hay opciones: Con o sin música. Con o sin clases de dancehall. Pero de lo que nunca vas a escapar es del espíritu Rototom. La playa es Rototom. Benicassim es Rototom, y Rototom es Benicassim. También es Rototom la familia que es dueña de la residencia en la que duermo todas las noches desde hace cinco años, que viven y respiran durante esos días al ritmo del festival. También es Rototom el supermercado lleno de rastas de todos los colores, religiones y naciones. Es Rototom el colectivo que canta una melodía conocida. Es el bar del chino con el mejor capuccino y que oficia de oficina para muchos. Son las bicicletas blancas por toda la costanera. Son las guitarras y las percusiones frente al mar Mediterráneo. Son las chicas bailando dancehall en la arena. Son los africanos haciendo ritual de su música debajo de las palmeras y a la orilla del mar. 

Rototom también es el camping y sus familias multiculturales y numerosas. Rototom es compartir las duchas públicas o las cocinas donde se prepara comida etíope, jamaiquina o argentina. Rototom es poder elegir un lugar donde comer una paella valenciana típica a 6 de la tarde. Y tener siempre la bendición de elegir donde matarte con un panqueque o waffle con helado. Todo el día, y a la hora que quieras. Por las noches, cuando el fresco comienza a bajar de las montañas, se crea un ambiente propicio para sumergirte en la carpa marroquí de té. Colchones en el piso, mesas al ras del suelo y sabores deliciosos de infusiones calientes, mientras revisamos la programación y pensamos en lo que sigue. Ayer tocó Damian Jr Gong Marley, hoy toca Dub Inc y mañana Manu Chao. Que este sueño no se termine nunca. 

Nos perdemos otra vez de carpa en carpa. Es el African Village, donde de día se enseñan todas las danzas africanas, y que de noche se convierte en un dormidero de siestas para los más extenuados. Es que aquí los días son largos, entre los humos y las horas difusas. Y si de repente te das cuenta que hoy hiciste una clase de yoga, aprendiste a cultivar, te emocionaste hasta las lágrimas en la ceremonia de la Pachamama, y todavía faltan todas las actuaciones de la noche, todo se vuelve intenso. De emociones y vivencias por procesar y asimilar. Querés disfrutarlo todo: hacer acrobacias en el circo, aprender a hacer artesanías, participar de la conferencia de prensa de un artista o salir corriendo enseguida hacia el otro escenario, el Showcase Stage, para ver a tu banda favorita de Latinoamérica o Europa. Este año, los shows más comentados allí, quizás fueron los de Runkus, Marla Brown (Jamaica) junto a los AlertaKamarada (Colombia), Dada Yute (Brasil) o los italianos Almamegretta, que increíblemente estuvieron presentes en el cartel del primer Rototom Sunsplash en 1994. 

Y así se pasan los días volando y no entendés cómo no pudiste aún conocerlo todo. Porque nunca terminas de hacerlo. Te invaden los colores, los sabores y los ritmos de percusión subsahariana, que después de ocho días ya entró en tu corazón. Estamos salvados, nos liberamos de pies a cabeza, ya relajamos nuestros cuerpos y nuestras mentes. Mientras nos vamos a disfrutar del último show, el cierre de la pantera marfileña, Tiken Jah Fakoly, nos deleitamos con una cerveza jamaiquina Red Stripe y un mojito de melón y sandía, tan fuerte como ese espíritu que ya arrastra hacia el escenario. 

"Rototototom! Rototototom!" resuena en el eco vacío de las cuatro de la mañana en nuestro hotel. Hace más de un día que terminó el festival de reggae más grande del mundo y ya se fueron casi todos los huéspedes. Algunos seguimos extasiados de sonidos e himnos festivaleros, y claramente distinguimos -en el eco de este vacío lugar- una voz familiar que repite el último: -ROTOTOTOTOM, HOW ARE YOU FEELING?.

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1 Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Excelente crónica y fotos! Para los que conocemos el festival, es una forma de recordarlo y volver a sentir esas maripositas reggaeras en el estómago.