Una mística flotó en el aire porteño

Anoche se presentó por primera vez en Buenos Aires Julian Marley junto a la versión de The Wailers que acompañó hasta el final a Bob.


Por Emi Graffignano / @graffignano
Fotos: Ludmi González

No es la misma voz (aunque por momentos se asemeja bastante) y hasta parecía estar imitando a su padre, como lo hace cualquier niño que admira progenitor. Pero está claro que lleva dentro la sangre del rey. Y esa fue la mística que atrajo a la gente a ir y ver de qué se trataba la cuestión, estar lo más cerca posible de vivir en carne propia un show de Bob, aunque sea proyectado en uno de sus hijos.

A mi criterio, el espectáculo puede ser analizado desde dos aristas si tenemos en cuenta la selección de temas que interpretó Julian. Por un lado, para el amante del reggae, para el que va más allá de Bob, fue un show más que bueno. El británico (no, no es jamaiquino) no se ató a los grandes clásicos radiales de su padre y nadó en un repertorio de lo más variado, manejando bien los cambios de ánimo. Y por el otro, todo lo contrario. Aquel que fue para escuchar los hits de Marley, el que asocia inmediatamente reggae con aquel hombre (a mi entender, la mayoría de los que asistieron al Luna), se quedaron con las ganas de cantar toda la lista a garganta pelada, objetivo que no pudieron cumplir. 

Párrafo aparte merece la banda, que funcionó como un reloj suizo flotando sobre la simbiosis de otra leyenda con su hijo: los Barrett en bajo y bata. Una versión bastante rocker de The Wailers que empujó cada tema al frente para acompañar a un Julian con poca vocación de frontman.

Black Dalí sigue en el camino

Darío Alturria a.k.a. Black Dalí aún lucha por despegarse de lo que generó con Kameleba y ahora, en su proyecto solista, vira su estilo para impregnar su nombre en una banda que suena de puta madre: La Brigadistak Etiope. Cuesta mucho analizar objetivamente a este gran frontman tras haberlo visto incansablemente con la banda de Villa Mercedes y despegarse de aquella comparación. Lo que no costó, al menos para él, fue ponerse la mochila al hombro y abrir el show de anoche sin titubear. 

Calificación del show:

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