Ecos del multiculturalismo


Por Santi Herrera / @SantisHerr

Dueño de una trayectoria de más de treinta años y precursor de todo un estilo, Goy Ogalde (a.k.a. Goy Karamelo) lleva en su espalda el peso de los kilómetros recorridos, de los escenarios pisados, de las horas y horas de grabación adentro de un estudio. En su música se combina tanto el cosmopolitismo que mamó en sus infinitas giras europeas como el sentir más profundo y visceral de su Mendoza, de aquella Mendoza de soles y acequias que lo vio partir hace casi veinte años a Buenos Aires buscando un sueño que se haría realidad. Y vaya que se hizo realidad. 

Lleva consigo la serenidad de aquellos sabios que han visto todo, desde el barro y la miseria, hasta el brillo y la comodidad. Las palabras resbalan de su boca y siempre retumban profundas y sinceras. Goy siempre tiene algo para decir. Su recorrido musical y geográfico lo posiciona, en la actualidad, como uno de los productores musicales más reclamados del país. En ese sentido, acota: “En mi caso produzco bandas aplicando la visión a la música de la banda con la que esté trabajando. Me dedico bastante al Ska, al Punk, al Reggae y a algunas cosas más folklóricas y latinas. Creo que hoy por hoy la preocupación de las bandas nuevas es generar un espacio de públicos, siendo conscientes de la originalidad que deben tener, porque eso antes no se tenía en cuenta y se copiaba mucho (…). Hoy por hoy hay una especie de conciencia que no existía, es decir, las bandas apelan mucho más a su idiosincrasia, a sus culturas para mezclarlas y sacar un producto original que pueda competir en el mercado para salir airoso”. 

Karamelo Santo fue una banda pionera en esto de contar las vivencias de su lugar, dar cuenta de un modo de pensar arraigado en una tierra, en una manera determinada de ver el mundo. Algo así como un trabajo antropológico… 

 En ese momento hubo una necesidad. No sé si fuimos los primeros, pero creo que fue una especie de inconsciente colectivo que había nacido en el Rock, que después se apuntaló para el surgimiento de bandas de distintas provincias que manejaban ese collage artístico a partir de su región, mezclándolo con el Ska, el Reggae o el Punk. Lo que pasa es que en Buenos Aires hay una cuestión bastante purista en cuanto a los géneros, entonces había algunas bandas que eran rechazadas. Aún hoy a algunas bandas del interior les cuesta llegar a Buenos Aires por esa razón, esa cosa tan purista y despojada de culturas, algo que a mí particularmente no me gusta. El Rock nacido en Buenos Aires es, en su mayoría, algo clonado de Los Redonditos de Ricota, entonces no se permite ningún “malinchismo” en ese sentido. 

Precisamente porque hay un mercado que impone cánones y criterios… 

El mercado siempre lo impone, lo que pasa es que uno se la tiene que jugar por hacer algo diferente y por marcar un paradigma en la parte musical.

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