Apague la tele

Nadie niega que los avances de la tecnología en todos los ámbitos demuestra la inmensa capacidad del ser humano para crear. Pero a la vez, da la pauta de que tiene el mismo poder para destruir. El cómo da uso a esa tecnología da para charlas y charlas de horas, días y meses.
Ni siquiera hace falta caer en el ejemplo banal de las armas, la guerra y todo ese cliché de destrucción humana.
Recaigamos en los medios de comunicación. En la televisión en especial. O más bien en quienes hacen a la televisión. Seres hambrientos de fama, dinero y demás superficialidades. A ellos no les importa perder lo que tengan de dignidad por ser reconocidos dentro de una caja boba. Ni hablar de sus reclutadores. Empresarios sedientos de poder y dinero, que destrozan cualquier intención cultural positivo en pos de sus intereses. Todo esto nos lleva a pensar ¿qué sucede con quienes consumen estos productos? Bueno, creemos que van en la misma dirección. Uno es abstraído a ese mundo banal. Pierde la imaginación, la creatividad, el pensamiento crítico. ¿Hay solución? Y, es difícil. No somos dueños de la verdad de nada ni de nadie. Pero creemos que hay un medio que aún tiene cierto dejo de honestidad e inocencia. Por supuesto que no del todo. Nada que sea tocado por el hombre puede ser ciento por ciento puro. Hablamos de la radio. La radio te hace imaginar todo. A la persona que te está hablando, las situaciones que describe, los tiempos, las pausas, el ambiente, los sonidos, las circunstancias. Incentiva. Promueve. Es transporte de música. De sensaciones. La radio es conexión. Este número de Cool Ruler va dedicado al éter, y todos aquellos programas dedicados o no a nuestro amado reggae. ¡Viva la radio!