La sede del dub, y qué dub


Por Vico Pedraza

El pasado sábado 2 de septiembre, Club Paraguay fue sede del dub. Lee Perry junto con Nairobi fueron los encargados de llevar las riendas de las tinieblas. El club, antes apenas un sótano, ahora gigantesco y voluptuoso. La calidez de las luces y el sonido dieron ese tach ambientando al público que esperaba con ansias. 

Con todo, los jinetes de la noche subieron al escenario. Perry pelirrojo, con gorra, anillos y collares que centelleaban en la oscuridad. Una miniatura que con sus ochenta y pico no pierde su esencia loca. Admirable energía, ¿no? A esa edad cualquier abuelo estaría en su casa durmiendo o jugando alguna partida de naipes. Meta truco y quiero retruco. Pero Lee sigue de gira, con unas ganas envidiables. 

Así, con todo el power, imposible rechazar el convite. Brindando con su vaso en la mano, y en la otra una flor, Perry eligió cantar Champei, champei. El vals nos unía los cuerpos agitados también por la noche, fría y ventosa. Esperaba más. Y esperaba más de Nairobi. Pero así sucedió todo y conformate con lo que hay. Una vez Perry sentenció: “Soy un mago, sí. Un mago que hace su magia y desaparece”. Y así fue. El jamaiquino nos envolvió en su misticismo mágico, y bum, bombita de humo que se hizo fuego y polvo. Pero antes, posó para las fotos y abrazó al público amigo, abrazo que amerita un nuevo encuentro.

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